¿Eres capaz de conseguirlo todo? - Jacobson, Steinberg & Goldman
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Sep 11 2017

¿Eres capaz de conseguirlo todo?

Soy de los que piensan que algunos investigadores científicos están muy ocupados en conocer, para luego reparar, diversos procesos vitales con la idea de generar en la humanidad una creciente y real sensación de bienestar para los años futuros; pero como siempre ocurre en este mundo basado en las equivalencias en el que vivimos, otros se obstinan en obviar dichos avances para construir su propio biotopo. De hecho, un número indeterminado de investigadores oncológicos, posiblemente mueran de cáncer, mientras otros que se esfuerzan en detener el Alzheimer, lo sufran irremediablemente. Con esto quiero dejar clara la parte generosa de la vocación investigadora… pero la realidad es que nos encontramos ante un gran dilema… “Prefiere saber, sabiendo que sabe poco? o prefiere no saber?”… Ahora, esa es la cuestión!

Grandes y ambiciosas investigaciones sobre las células madre, la actividad epigenética, la generación de procesos enzimáticos, la aparición de enfermedades neurodegenerativas poligénicas, etc… son ejemplos vivos sobre los que dedicamos mucho tiempo a crédito, con la sana esperanza de poder retornar dicho “capital” a la sociedad en el menor tiempo posible.

Esta concentración de actividades científicas y dianas “terapéuticas” deja el campo libre a la especulación y a la ausencia de rigor cuando se comentan términos relacionados con el comportamiento humano. Sí! ese comportamiento emocional que tanto juego da cuando se habla en clave imprecisa; y que tan poco espacio deja cuando nos ceñimos al conocimiento adquirido y contrastado.

Poseo la idea de que la Psicología, tal y como la conocemos hoy, desaparecerá a medida que se avance en Biología Molecular y en Genética. Tuvo su oportunidad, pero en vez de fusionarse con estas disciplinas, les dio la espalda generando un cisma de irrecuperable reparación basado en su mayoría, en explicaciones esotéricas apoyadas en modas y medias estadísticas. No tiene sentido apreciar y valorar reacciones sin conocer las acciones; ni describir combinaciones sin determinar los elementos que se combinan.

Lo cierto es que en los últimos años, el mundo empresarial se ha visto abastecido de muchos, quizás demasiados, profesionales errantes en busca de un destino… una tierra más que prometida, deseada, anhelado refugio de un éxodo iniciado por la ineficacia de sus aportaciones en un mundo dominado por la aplicación de los conocimientos.

Entre dichos profesionales nos encontramos con psicólogos, pedagogos, economistas, comerciales, etc… que en vez de ampliar su sabiduría, luchan para que se les reconozcan aquellos conceptos que, aunque a menudo obsoletos, ya poseen. Esto ha hecho que se encandile a una legión de “creyentes voluntarios” insatisfechos con su forma de percibir la vida; a un ejercito cada vez más numeroso, decadente y desorganizado que necesita replantearse el “lugar que ocupan” en la sociedad. La verdad es que hablamos de “personas”, su inteligencia emocional, su liderazgo, su marca, su felicidad, etc… sin poseer unos mínimos conocimientos al respecto de los orígenes del comportamiento; y es ahí donde precisamente se ha formado un nuevo grupo de encantadores profesionales del encanto. Un clan… llamado “El clan de los HappyCoach”. Su expansión es multicultural y panorámica, ceñida a sociedades industrialmente abastecidas y por ello, algo decadentes.

La base fundacional y fundamental de sus mandamientos es la siguiente:

  • Un ser humano es capaz de conseguir y alcanzar cualquier cosa que se proponga.

Para respaldar dicha afirmación, disponen incluso de varios soportes textuales, en ocasiones acompañados con retratos fotográficos de Albert Einstein.

Está claro que las personas necesitamos “creer en algo” para mantenernos de pie durante todo el día y para acostarnos por las noches; siendo cada cual libre para elegir su musa.

Los “HappyCoach” no están convencidos pero quieren convencer de que:

  • El ambiente (alimentación, relaciones, experiencias, etc…) es lo que determina el carácter y posterior comportamiento emocional. En cualquier caso, la genética cuenta con una escasa y ligera participación “anatómica”.
  • Las emociones no se pueden medir.
  • Ser y sentirse positivo o negativo, únicamente depende de usted.
  • Hay que ser feliz como una “perdiz” (desconocemos el grado de felicidad de las perdices, pero se me antoja breve y efímera en periodo caza, siendo sustituida en caso de existir dicha felicidad, probablemente por un alto nivel de cortisol).

Está claro que los “HappyCoach” han venido para quedarse, predicando un evangelio con mixturas de concentración tibetana y cooperativismo solidario y circundante más que circular, enarbolando la bandera de la neurociencia, la cual utilizan como paraguas cuando graniza sobre sus cabezas y afilado estilete cuando sale el Sol. Trabajan en otra dimensión para no colisionar con la ciencia, mencionando el término “cerebro” como una máquina polivalente y espectral que puede cambiar de forma y fondo en un “plis plas” y usando la denominación “corazón” como si de una central amorosa se tratase. Interpreto que se trata de un enorme y peligroso “paso atrás”, parecido a esa fe ciega que rinde un fanático culto a lo invisible porque usted ya se ha dado por vencido en cuanto a la adquisición de conocimientos se refiere, perdiendo su fuerza pero ganando en comodidad.

Le sorprendería saber que a falta de tecnología “tangible”, la psiquiatría de mediados del siglo XX ya tenía muy claro qué factores transcendían en el comportamiento emocional. Evidentemente, solo mostraba interés por patologías o desórdenes severos; de ahí su escasa influencia en el mundo empresarial o docente. Actualmente sabemos mucho más de lo que se piensa… y mucho menos de lo que usted cree…  Por ejemplo, que el nivel de expresión de nuestros genes es una “huella dactilar” única que desemboca (entre otras muchas más cosas), a través de diferentes procesos metabólicos, en neurotransmisores que rigen el comportamiento con procesos sinápticos combinados y equilibrantes. Sabemos que los hay de diferentes clases y funciones y que sus niveles de combinación, recombinación, liberación y recepción son de carácter individual; incluso tienen nombre y “apellidos”.

En fin… antiguamente (?) se hablaba de “creencias”, luego se habló de “conocimiento” como contrapunto a dichas creencias; actualmente sus caminos se van separando en clave parabólica para en un futuro, entrar en una apocalíptica colisión en una guerra entre ambos términos de enormes proporciones y consecuencias… Unos apuestan por lo primero y otros, por lo segundo… 2 sociedades que se van radicalizando; unos cabalgando por el Universo como ángeles de la guarda y los otros, asumiendo su visión reduccionista. El caso es que no tenemos el suficiente crédito para hacer dicha apuesta. Ya sabe… como siempre… “La banca siempre gana”…

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