¿Por qué el Comportamiento Humano no es Lineal?

Vamos a darle una mirada divulgativa al modelo de los Neurofactores…

En muchas organizaciones se sigue hablando del comportamiento humano como si fuera algo fijo. Esta persona es así, este perfil funciona mejor, este carácter no encaja, etc… Sin embargo, la experiencia diaria contradice esa idea. La misma persona puede rendir de forma brillante en una situación y bloquearse en otra. ¿Contradicción? No necesariamente.

En su libro Soy tu cerebro (Editorial Oberon), Elías Azulay propone una forma diferente —y más realista— de entender el comportamiento humano. Según su modelo, no somos lineales ni predecibles en dos dimensiones. Nuestro comportamiento se parece más a un poliedro de siete caras, dentro del cual nos movemos constantemente.

El poliedro de los 7 Neurofactores

Un poliedro en lugar de una etiqueta

Imaginemos ese poliedro como un espacio tridimensional. Cada una de sus siete caras representa un Neurofactor, es decir, un gran eje de funcionamiento cerebral. No son “rasgos” ni etiquetas, sino conjuntos en movimiento que se activan con distinta intensidad según lo que percibimos.

La clave está en que estos Neurofactores no actúan solos. Se combinan entre sí, se solapan y generan intersecciones. Y es en esas intersecciones donde nace la conducta real.

Por ejemplo, una decisión importante en el trabajo no depende solo de la racionalidad. Surge de la intersección entre capacidad analítica, gestión emocional, percepción del riesgo, presión del entorno y experiencia previa. Cuando esas intersecciones están bien coordinadas, la respuesta es sólida. Cuando no, aparecen dudas, bloqueos o reacciones exageradas.

El comportamiento como movimiento, no como estado

Dentro del poliedro, la persona se mueve. No permanece siempre en el mismo punto. En una reunión tranquila puede mostrarse reflexiva y colaborativa; bajo presión de tiempo, más directa o incluso impulsiva. No ha cambiado “su personalidad”: Ha cambiado la configuración interna de sus Neurofactores.

Esto explica por qué los modelos rígidos fallan tanto en contextos reales como la empresa. Las personas no se comportan igual ante todos los estímulos porque el cerebro ajusta continuamente sus balanceos internos para adaptarse.

¿Qué ocurre con el estrés y la ansiedad?

El modelo también ayuda a entender fenómenos muy habituales en el mundo profesional, como el estrés o la ansiedad. Cuando una persona está sometida de forma continua a estímulos muy exigentes —plazos imposibles, presión constante, ambigüedad, conflicto— se activan frecuencias excitatorias elevadas en determinados Neurofactores. El problema aparece cuando esa activación no encuentra freno, es decir, cuando los mecanismos de inhibición no compensan.

En términos simples: El sistema se tensa y los núcleos de los Neurofactores se distancian unos de otros.

Las intersecciones entre Neurofactores se ven forzadas y empiezan a separarse. Lo que antes funcionaba de forma integrada deja de hacerlo. Aparecen entonces síntomas conocidos como la dificultad para decidir, aparición de respuestas emocionales desproporcionadas, rigidez mental, sensación de desconexión o agotamiento, etc…

No es que la persona “no sirva” o “no aguante la presión”. Es que su sistema interno ha perdido elasticidad.

Un ejemplo sencillo

Pensemos en un directivo que normalmente toma decisiones con claridad. Bajo estrés prolongado, empieza a dudar, a controlar en exceso o a reaccionar con irritabilidad. Desde este modelo, no ha cambiado su capacidad, sino que ciertas intersecciones entre Neurofactores se han visto forzadas por una excitación sostenida sin inhibición suficiente. Así, el comportamiento deja de fluir en el espacio interior porque el sistema está en tensión.

De clasificar personas a entender dinámicas

El gran cambio que propone Soy tu cerebro es dejar de clasificar a las personas como si fueran perfiles cerrados y empezar a entender cómo se mueven dentro de su espacio conductual. En empresa, esto supone un giro importante:

• Evaluar dinámicas en lugar de etiquetas.

• Entender el contexto antes que juzgar la conducta.

• Trabajar sobre equilibrio y regulación, no sólo sobre rendimiento.

El comportamiento humano no es una línea recta ni un rasgo fijo. Es un sistema vivo, dinámico y multifuncional, que busca constantemente ajustarse al entorno. Y cuanto mejor entendamos ese movimiento interno, mejores decisiones tomaremos sobre personas, equipos y liderazgo.

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